El síndrome del impostor

Queremos hablaros del síndrome del impostor; no está tipificado como un trastorno mental y es de reciente aparición en la literatura. El término fué acuñado por psicólogos clínicos en 1978.

Se desconoce la prevalencia del mismo, aunque se estima que lo pueden haber presentado 6 o 7 de cada 10 personas en algun momento de su vida, (aunque no hay muchos estudios respecto al caso).

A pesar de que parece algo más frecuente en mujeres, se presenta también en hombres y, especialmente, en el terreno académico y/o profesional con un alto nivel de exigencia.

Las personas afectadas tienden a infravalorar sus éxitos; poner en duda sus méritos y creer que las metas conseguidas han sido debidas a la buena suerte,  la casualidad, pero no están suficientemente cualificadas para seguir haciéndolo bien. Pese a ver la valoración externa, sienten que son un fraude.

Actúan así ya que viven su carrera de forma muy competitiva, sus expectativas de logros son muy elevadas, con alta autoexigencia, así como una baja autoestima y alto temor al fracaso.

Frases del tipo:  “No he merecido conseguirlo”, “No soy suficientemente bueno”, “No podré volver a repetirlo” o “No merezco el éxito… soy un impostor” son las que restan importancia a lo conseguido y demuestran si te encuentras padeciendo este síndrome.

Los sentimientos que acompañan al cuadro son de constante insatisfacción con uno mismo, lo que hace que la autoestima cada vez esté más baja.  Es muy frecuente que se presenten somatizaciones, cuadros de ansiedad y sintomatología depresiva. Además se vive con la angustia de pensar que están engañando a todo el mundo: “los demás creen que yo valgo, pero es mentira”, “debo mantener muy alto el listón para no decepcionar y no lo noten”.

El abordaje de estos cuadros pasa por trabajar a diferentes niveles.

Por un lado cabe valorar el estado de ánimo , así como las variables biológicas (sueño, apetito, capacidad de concentración,falta de motivación, etc) .Es importante que el diagnóstico sea efectuado por un psicólogo clínico, ya que hay que distinguir si el cuadro ha aparecido de forma primaria y ha dado lugar a sintomatología psiquiàtrica, o si ha sido a la inversa: un cuadro depresivo no tratado, puede llevar a la aparición del síndrome, por los sentimientos de desvalorización que comporta dicho cuadro.

En todo el cuadro destacan los pensamientos irracionales que implican menosprecio hacia uno mismo: El trabajo para modificar estos pensamientos es muy efectivo, y las terapias de corte cognitivo-conductual, las más indicadas.

Por último, el trabajo con las emociones, la identificación de las mismas, el reconocimiento y la correcta gestión de éstas resulta de gran ayuda

Si creemos que estamos padeciendo el síndrome, nos puede  ayudar:

  • Identificar los pensamientos irracionales que me hacen sentir así, y debatirlos: “¿Qué otra cosa podría pensar?”, “¿Qué porcentaje de cierto hay en lo que pienso?”, “¿Sería tan grave equivocarme?”, “¿qué pasaría si me mostrara cómo soy?”
  • Identificar fortalezas, capacidades y aceptar que todo el mundo tenemos puntos débiles, y no por eso somos peores.
  • Huir de las comparaciones con los demás.Todos somos únicos e irrepetibles, y eso es lo que nos hace más valiosos
  • Fijar metas realistas y premiarnos por los pequeños éxitos.
  • Aprender a querernos y valorarnos tal como somos.
  • Buscar ayuda profesional puede ser de gran ayuda, el trabajo no implica muchas sesiones, y la terapia se basa en tareas para hacer en casa, y revisión de las mismas en consulta.

 

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