¿Eres de los que se enfada rápido?

La rabia, (o ira), es una emoción que nos acompaña a lo largo de nuestras vidas y debemos dejar de etiquetarla como buena o mala, simplemente, es necesaria y tiene su utilidad, sólo hay que saber cómo y cuándo. Al fin y al cabo, todos hemos experimentado rabia en mayor o menor medida y hemos sufrido las consecuencias de ésta.

Para empezar pregúntate: ¿Qué es la rabia?, ¿Cómo la definirías? La rabia aparece en situaciones de conflicto, bien sea con otras personas o con nosotros mismos. Es fácil identificarla si estamos atentos a los cambios fisiológicos que supone, (nuestro cuerpo se prepara para la defensa o el ataque): podemos notar que nuestros latidos aumentan de ritmo al igual que nuestra respiración, la energía se concentra en las extremidades superiores, la cabeza y el tórax; nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se dispara preparándonos para actuar ante una amenaza percibida. Por otro lado, la rabia o ira suele aparecer por pensamientos concretos sobre una situación que hacen que nos sintamos así. Algunos de estos pensamientos son percibir la situación como injusta (bien sea hacia nosotros o hacia otras personas), no poder conseguir el objetivo que perseguimos, frustración ante algo, etc.

¿Cuántas veces te has encontrado llorando y lo que sentías no era tristeza sino que estabas enfadada? o al revés, que con tus gritos has tapado la tristeza que sentías. A menudo es fácil que se confundan emociones, para ayudarte a identificar la rabia puedes hacerte estas preguntas:

  • ¿Estoy viviendo esta situación como injusta?
  • ¿Hay algo que me resulte una amenaza?
  • ¿Qué no estoy soportando de esta situación?

Una vez identificado cuando sentimos rabia y los pensamientos que la sustentan, el siguiente paso es regularla para evitar que acabemos realizando conductas disfuncionales que nos pueden perjudicar en lugar de ayudar, (a nosotros y a otros).

Entonces, ¿Cuándo es necesario aprender a gestionarla? La respuesta es: siempre. Si no somos capaces de manejarla, nuestras conductas tendirán a ser más agresivas y, por tanto, a traernos más problemas y malestar emocional. Cuanto mejor reguladas tengamos las emociones, más probabilidad de bienestar emocional.

Podemos encontrar muchos trucos para desahogar la ira que ayudan a bajar la activación fisiológica que hemos comentado anteriormente, por ejemplo: realizar deporte de intensidad y con impacto, pegarle a un cojín hasta quedarnos agotados, (por no echar a perder una vajilla entera). Estos trucos son parches que ayudan momentáneamente, pero no en caso de tener un problema profundo y de larga duración de la relación con esta emoción. Para poder regular y gestionar nuestras respuestas ante diferentes situaciones en lugar de reaccionar de forma rápida y poco eficiente, es necesario realizar un cambio de pensamiento: cambiar las gafas con las que estamos interpretando la realidad. Con esto, no nos referimos a que ya no vayamos a enfadarnos o a sentir ira, al contrario, vamos a continuar con la emoción de disconformidad ante la situación, pero podremos responder con conductas adaptativas y funcionales.

Creemos que la regulación emocional es un proceso básico para poder mejorar el bienestar personal y nuestra relación con el mundo.

Si necesitas comprender cómo gestionas algunas emociones puedes iniciar un proceso de Coaching con Ago Growing Together.

 

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