Si se te hace una montaña hablar con tu jefe

dos caras mirándose, en dibujo, con librería de fondo

En nuestro día a día tenemos innumerables conversaciones, muchas banales quizás, pero de entre todas ellas algunas resultan muy importantes para nosotros, a la vez que difíciles de tener, bien porque hay algo importante en juego tras esa conversación, o porque simplemente es nuestra oportunidad para expresar nuestro parecer.

Sin embargo, si esa conversación debe producirse en el ambiente de trabajo y con el “jefe”, la cosa se complica, ya que nuestra posición no es de igual, como podría pasar en una conversación importante con amigos o familia. Podemos repasar mentalmente nuestro alegato millones de veces y nuestros motivos para plantear esta cuestión importante a nuestro superior, pero lo ideal es prepararla a conciencia y prestar atención a: ¿Qué quiero decir?, ¿Cómo lo quiero decir?, ¿Para qué quiero decirlo?, ¿A qué necesidad responde?, ¿Qué me ayudará a mantenerme en la conversación y su objetivo?, entre muchas otras, son preguntas que nos ayudarán a enfocar el planteamiento de la reunión y no perder el objetivo por nervios o presión y terminar hablando de otro tema por eludir la situación. Pero no es únicamente centrarse en lo que nosotros queremos decir lo importante, si no también podemos responder a preguntas que beneficien a ambas partes, por ejemplo: ¿Qué podemos ganar ambos tras la conversación?, ¿En qué va a mejorar nuestra relación?

Tras contestar estas preguntas, es importante ponernos en el lugar del otro para tratar de identificar si es un buen momento, (si no es una reunió programada), ya que la receptividad del interlocutor influirá en el resultado positivo que queremos obtener.

Debemos tener en cuenta que, en una conversación, la palabra es sólo una parte de la comunicación que transmitimos, ya gran parte del protagonismo se lo lleva el famoso lenguaje no verbal. Prestar mucha atención en lo que transmitimos con el cuerpo y con la cara nos ayudará a comunicar lo que queremos: estar cruzado de brazos,  fruncir el ceño, no tener contacto visual, movernos demasiado… son acciones que pueden llevarnos a mostrar duda e inseguridad, así como incomodar a nuestro interlocutor y que este quiera dar por finalizada la conversación, o tome el control de la situación. Por el contrario, una actitud excesivamente relajada puede denotar pasotismo, superioridad y poca determinación, por eso sentarnos correctamente, sostener algún objeto en las manos, mantener la sonrisa y el contacto visual con nuestro interlocutor puede ayudarnos a iniciar la conversación de una manera firme y segura.

Si los nervios nos juegan una mala pasada y vemos que la conversación no está yendo hacia donde deseábamos, ¡No lo demos todo por perdido!, puede ser una buena idea hacer una breve pausa para beber agua, hacer una respiración profunda y apoyarnos en ese objeto, (un boli, un papel, pero que no sea algo ruidoso para no distraer), y reconducir hacia el tema que tenemos planteado tratar.

El coaching nos permite conectar con la seguridad y el coraje para lograr transmitir  de manera asertiva y eficaz nuestro mensaje, así como trabajar las barreras de la comunicación.

 

 

Hacerse oír en reuniones de trabajo

dibujo de varias personas con los globos en blanco de las viñetas de cómic en la cabeza de distintas formas

Hacerse oír en según que contextos no es fácil. En ocasiones no consigues que se escuche tu voz en las reuniones, ¿Verdad? ¡Debes saber que ocurre con mucha frecuencia!

Participar y dar el mensaje que quieres puede llegar a ser un arte; la buena noticia es que es posible y, además, sin alzar la voz.

A continuación algunos aspectos que  debemos tener en cuenta:

Antes de la reunión – Conocer perfectamente los puntos de la agenda, especialmente aquellos en los que quieras dar una opinión de impacto, ¡Prepárate! Construye previamente un discurso sobre aquello que quieras expresar: puntos fuertes, debilidades, oportunidades de mejora. Tu declaración de impacto o idea fuerza ha de ir más allá de estar de acuerdo con el statu quo. Por otro lado, muchas veces no conoces a los otros participantes en el encuentro, así que siempre es positivo charlar antes de que de comienzo la reunión; reduce la tensión y puede generar cierta empatía a tu favor.

Durante la reunión – “Escuchar para comprender”: no estar preparando la respuesta sin conocer y comprender los argumentos de las otras personas. Trata de recoger los puntos fuertes de tus interlocutores que te conecten con la idea que quieres transmitir. Cuando sea tu turno deberás expresar con claridad tu opinión y puntos de vista; sé claro acerca de lo que quieres; utiliza un lenguaje potente sin alzar la voz. Prepárate para hablar, porque hablar en las reuniones es una habilidad y como tal se aprende con la práctica, así que… ¡practica!

Es importante adaptar tu estilo de comunicación y lenguaje a la audiencia a la que te diriges: Jerga propia, entorno cultural, social o educativo, etc. Ten siempre en cuenta a quién te diriges cuando intentes hacer que te escuchen, presta atención a las personas, (háblales a su nivel, pero antes debes descubrir cual es ese nivel).

Al acabar – No te desanimes si tu idea es rechazada, quizás los argumentos no fueron suficientes o adecuados. Evalúa al grupo desde un punto de vista no personal; toma distancia emocional ya que muy posiblemente la decisión de no adoptar tu idea no tenga nada que ver contigo. Que eso no te hunda, sino te sirva para aprender y seguir aportando.

 

Hay que añadir otros aspectos de interés más relacionados con la personalidad o capacidad del orador. Son esos aspectos que desde el Coaching se pueden trabajar y mejorar y en los que en Ago Growing Together somos especialistas:

  • Asertividad: ser capaz de decir aquello que se desea decir con confianza, conoce y desarrolla las técnicas de comunicación asertiva.
  • Tu opinión y necesidades, en general, son tan importantes como las de los demás, si quieres hacerte escuchar es necesario hacer un esfuerzo consciente para hablar, en el mismo sentido tu tiempo es tan valioso como el de las demás personas, recuérdalo y respétalo, si necesitas del tiempo de otro pídeselo asertivamente.
  • Confianza: sentirse seguro de uno mismo sin caer en la prepotencia o arrogancia. Reconoce a los demás y sus aportaciones, no minimices tus ideas ni las de los demás.
  • Haz preguntas, con ello puedes atraer la atención de la gente además de posibilitar que los asistentes se cuestionen el asunto desde otro punto de vista.
  • Mantente informado, seguro que no quieres ser esa típica persona que en una reunión suelta opiniones sin tener la menor idea de lo que habla. Si no tienes nada que decir, abstente de demostrarlo con tus palabras.
  • Elige el medio de expresión más adecuado a ti y a tu audiencia, sin perder tu estilo propio. Cada persona entiende y asimila de manera diferente la información, presta atención a si los asistentes son visuales, auditivos o kinestésicos; puedes reforzar el discurso en un sentido u otro. En general una combinación de los tres aspectos puede hacer más eficaz esa comunicación.
  • Da tu opinión en primer lugar, la primera persona en hablar normalmente es la más escuchada; siempre y cuando se espere una respuesta u opinión; si no quedarás como un impertinente.
  • No grites, hablar fuerte no te da la razón, es más probable que te la quite y haga que no presten atención a lo que tienes que decir.

 

En definitiva, el arte de comunicar no es sólo tener algo que decir y querer hacerlo, implica un receptor o receptores, un mensaje bien formulado a través de un medio o lenguaje apropiado para la ocasión. Es necesario interiorizar estos aspectos, entrenar, practicar y perseguir la efectividad hasta alcanzar la excelencia.

“El carácter de un hombre podría ser aprendido por los adjetivos que usa habitualmente en sus conversaciones”    Mark Twain

 

Hay mil maneras de decir las cosas… ¿Son asertivas?

cuatro post it con agresivo, pasivo, miedo, pensamientos y asertivo

La asertividad es una habilidad social muy valorada tanto a nivel empresarial como a nivel personal. Se trata de la capacidad de la persona para expresar lo que piensa o siente teniendo en cuenta los sentimientos y emociones de los demás, es decir, sin herir a otras personas. ¿Parece fácil verdad? Vamos a empezar con un ejemplo:

Imagina que estás haciendo cola en el súper y una persona se cuela justo delante de ti, ¿qué haces?

  1. Armar un gran escándalo en el súper y decirle a la persona lo odiosa que es por colarse.
  2. Callarte y seguir incómodo/a pensando en lo que te molestan este tipo de comportamientos
  3. Pedirle a la persona que se ponga a la cola sin alterarte.

En estas 3 respuestas tenemos el continuo de asertividad, por tanto, en función de la opción que escojamos estaremos siendo o no asertivos.

Si escogimos la opción A, nos encontraríamos dentro del estilo no asertivo-agresivo: no tenemos en cuenta los sentimientos/emociones de la persona que se cuela. En cambio, con la opción B estaríamos dentro del estilo no asertivo-pasivo: nos ha molestado la actuación del otro, pero no hacemos nada por expresar nuestra opinión. Finalmente, si escogemos la opción C estaremos en el estilo asertivo: expresamos nuestra disconformidad sin herir a la otra persona.

Ahora que ya tenemos una idea general de la asertividad y sus diferentes estilos, la siguiente pregunta es: ¿Qué es lo que hace que no seamos asertivos? Existen diferentes factores internos que dificultan el ser asertivos y algunos de ellos resumidos en este pequeño cuadro:

NO ASERTIVO- AGRESIVO NO ASERTIVO- PASIVO
Condenar a la otra persona y no al hecho que nos ha molestado.

Creer que la gente debe comportarse como nosotros creemos que es correcto.

Sentirse atacado/menospreciado.

Tener miedo/evitar los conflictos

Pensar que “no vale la pena, ya se me pasará”

Sentirse inferior a la otra persona en la situación concreta.

No priorizarnos.

Pensar que no pasa nada por no manifestar la disconformidad.

 

Si te sientes identificado/a con alguna de las situaciones anteriores no te preocupes, la asertividad es una habilidad social que se puede entrenar, no existe alguien que nunca pueda ser asertivo. Por ello, trabajando las creencias que nos impiden ser asertivos podemos mejorar nuestra asertividad.

Finalmente, queremos invitaros a una última reflexión: cada vez que os encontréis en una situación incómoda o de disconformidad y no os atreváis a ser asertivos pensad: “¿Qué estoy perdiendo cuando respondo de manera no asertiva?. Cada vez que decidimos ser o no asertivos estamos renunciando o priorizando otras cosas de nuestro tiempo vital.

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