No hay deportista que no pierda nunca

tablero de ajedrez con el rey de las blancas tumbado

Perder un partido en el que te lo juegas todo; que se te escape entre las manos la final de tu vida; que se acabe el momento para el que te estuviste entrenando todos estos años sin obtener el resultado que deseabas…. Perder forma parte de la realidad del deporte y del deportista, y cuánto antes aprendamos a hacerlo, ¡Mejor!

Sin embargo, no es lo mismo si hemos perdido debido a un error nuestro, (algo que se podía entrenar, haber evitado o incorporar), que si lo hacemos porque los otros fueron simplemente, mejores.

En el primer caso, ¡Podemos aprender algo! Tras un fallo, ya sea individual o del equipo, si lo analizamos podremos ver cuál es el motivo del error, qué nos llevó hasta ahí y cuál es el camino que debemos tomar ahora: ¿Qué es lo que tenemos que cambiar?, ¿Qué podemos aprender de esa situación?, ¿Qué necesitamos incorporar?, son preguntas que nos ayudarán a superar esta derrota.

Esto no significa que en el caso en que los otros fueron superiores, estas preguntas no nos sean útiles para seguir mejorando, sin embargo, la aceptación es necesaria y fundamental para aprender a perder dignamente y sin dañar nuestra autoestima, ni autoconfianza: reconocer la victoria del otro con humildad, dejar nuestro ego a un lado y seguir trabajando para ser mejores.

Además de aprender y aceptar resulta clave identificar las dos emociones más frecuentes tras perder nuestra competición: la rabia y la tristeza.

Son necesarias y justificadas, pero debemos aprender a regularlas de la mejor manera ya que son emociones que se mezclan con facilidad.

El problema nace de lo que nosotros consideramos que es justo, (ganar la carrera o el partido, por ejemplo), ya que hemos trabajado para obtener ese resultado y el hecho de que esa profecía no se cumpla hace aparecer la rabia, que se suma a la tristeza que genera ver desaparecer una oportunidad para conquistar tus sueños y tener que aceptar que se alejan. Ambas emociones confluyen en un mismo momento y requieren de regulaciones bien distintas: De un lado debemos permitir el consuelo para apaciguar esa tristeza, y por otro desahogar esa energía que conlleva la rabia, pero con consciencia para hacerlo en el momento adecuado y de la mejor manera.

El Coaching Deportivo es altamente eficaz para aprender a manejar ese tipo de situaciones, comprender y conocer qué nos sucede, tanto a nivel individual como en el equipo, ante las derrotas y ayudarnos así a alcanzar nuestros objetivos con mayor plenitud y el máximo rendimiento deportivo.

 

Mantener la concentración crea victorias

nadadora antes de empezar una prueba. mantener la concentración en competición

Ser capaz de mantener la concentración en situaciones de estrés o presión es la clave para alcanzar un resultado satisfactorio.

No sólo los deportistas están sometidos a ese tipo de momentos cuando se enfrentan a una competición importante, sino también los artistas ante un cástign o un estreno, o loc cirujanos frente a una operación que se complica.

La concentración es la capacidad de mantener el foco ante aquello que es importante para ti; el factor que controlas porque tienes entrenado o porque sabes que es el que te hace estar conectado con la tarea que tienes que realizar sin fallar.

Hay distintos tipos de foco y debemos saber navegar entre ellos en función de nuestras necesidades:

  • El foco de atención interno: Que es el que te permite centrarte en tus sensaciones corporales o emocionales, (muy útil en los momentos previos a la competición).
  • El foco de atención estrech: Que hace que únicamente puedas prestar atención a una o dos señales muy concretos de lo que ocurre, (que sería básico para un portero antes de un penalti, por ejemplo).
  • El foco de atención externo: Que es el que te permite centrar tu atención en un objeto que se encuentra fuera, (un ejemplo podría ser la diana para un tirador o la pelota en un partido de tenis de mesa).
  • El foco de atención amplio: Que es el que nos permite prestar atención a más de un suceso a la vez, (en este caso, para los jugadores de deportes de equipo es clave trabajarlo).

Sin embargo, ¿Qué sucede normalmente? El ruido que aparece en los momentos de presión nos dificulta la capacidad de concentración y de mantener el foco o cambiarlo en función de la necesidad del momento. Existen muchos ruidos y boicoteadores de la atención:

  • Frases destructivas: Es peligroso hacerle caso a aquellas cosas que nos decimos para mermar nuestra confianza del estilo: “No estoy preparado”, “Tengo malas sensaciones”, “Hoy no es el día…”, “Ellos son más fuertes…”
  • Cambios externos: Rompen nuestro esquema inicial y alteran nuestra conducta, pero están fuera de nuestro control, por ejemplo: se te rompe un bañador, cambia el horario, perder tu amuleto de la suerte, se indispone un compañero clave del equipo, etc.
  • Cambios internos: Es importante prestar atención a como nos encontramos, pero no convertirlo en una amenaza por el hecho de que no tenemos las sensaciones que deseábamos, porque recibimos un golpe, o porque nos sentimos mal.

Muchas de estas cosas ocurren en el “Dia D y la Hora H”, el momento de la verdad, y acostumbran a esconder una baja tolerancia a la frustración y miedo a fallar, por ello, es importante entrenar nuestra capacidad de concentración y de cambio de foco durante la temporada y así estar preparados para aplicarlo en el momento adecuado.

Algunas de las estrategias más utilizadas y con un buen resultado son:

  • La visualización: Imaginar cada situación de competición y añadirle todas los ruidos posibles, (ruido de gradas, viento en contra, agua fría, no disponer del material adecuado, sentirte indispuesto….), para “verte” y “sentirte” en esa posible situación.
  • La meditación: Realizar ejercicios de meditación en un lugar tranquilo y entrenar tu capacidad de mantener la atención a lo externo, lo interno y el cuerpo. (Puede ser guiada o autónoma).
  • Aproximación de realidad: consiste en simular las situaciones lo más reales posibles, y desenvolverte en ellas. Te servirá para evaluar en qué necesitas mejorar y qué te está funcionando.

Desde el Coaching Deportivo se trabajan este tipo de entrenamientos, así como la detección del detonante de la pérdida de foco para poder alcanzar tu máximo rendimiento.

¡Aprende a perder los papeles!

Aprende a perder los papeles. Taller vivencial de coaching el 6 de abril en Barcelona. Regulación rabia y tristeza

¿Te pasa alguna vez que pierdes los papeles? 

¿Te cuesta encajar una derrota?

¿Eres de esas personas que saltan enseguida? 

¡Pues esta es tu formación! Inscríbete al taller vivencial de coaching del próximo viernes 6 de abril en Barcelona donde trabajaremos este tipo de situaciones y emociones para poder aprender a anejarlas mejor. Descubrirás que muchas veces, la rabia y la tristeza, se mezclan y nos confunden.

El taller se realizará de 17.00h a 19.00h en la Avinguda Josep Tarradellas 8-10 de Barcelona por ¡tan sólo 20€!

Puedes formalizar tu inscripción escribiendo a contact@agobarcelona.com

 

¡Te esperamos para crecer juntos!

¿Necesitas ser perfecto?

pantone de lápices de colores

El perfeccionismo es la necesidad constante de que las cosas no presenten absolutamente ningún defecto, ningún fallo.

Desde la infancia, se refuerza y anima a los niños para que intenten ser perfeccionistas en sus tareas, tanto desde casa como desde la escuela.También en el ámbito laboral se valora a las personas perfeccionistas, ya que su trabajo puede gozar de gran calidad.

El perfeccionismo es una variable de personalidad, una manera de ser alentada por un sistema que lo considera una virtud, pero lamentablemente presenta algunos problemas.

La búsqueda de la perfección en un mundo imperfecto, con las imperfecciones que todos tenemos a nivel individual, genera unos niveles de preocupación y ansiedad muy elevados. ¡La perfección absoluta no existe! Su búsqueda constante, pese a ello, provoca la frustración del perfeccionista convirtiéndose en algo obsesivo.

Intentar hacer las cosas de forma perfecta nos lleva a repetir las cosas de forma incesante: nunca estamos contentos del resultado, luego, lo volvemos a hacer, sin embargo, por mucho que lo repetimos nunca logramos la “perfección”.El resultado de repetir y repetir ocasiona una gran pérdida de tiempo; el perfeccionista es muy lento y además vive cualquier tarea con un gran nivel de angustia por los niveles de autoexigencia que se impone.

El perfeccionista sufre, ¡Y mucho! Su autoestima se ve deteriorada al dedicar muchísimo esfuerzo a su trabajo y a la vez darse cuenta de que es poco productivo y nunca está satisfecho de los resultados logrados.

En el extremo del perfeccionismo encontramos a las personas que sufren de TOC (trastorno obsesivo compulsivo) en que el padecimiento psicológico es muy elevado y que requiere una intervención psicológica.

En personas con marcados rasgos de perfeccionismo, pero que no llegan a estos extremos, si podemos plantear un abordaje desde el Coaching que vendría dado por la aceptación de sí mismo con sus imperfecciones y marcar objetivos alejados de la perfección.
Buscamos un buen resultado de los trabajos, contemplamos que está bien mejorar y lograr la excelencia, pero no la perfección. La perfección es un término absoluto: es perfecto o imperfecto, es una dicotomía que no admite término medio, (y cómo la perfección absoluta no existe, la frustración es constante). Planteamos buscar objetivos realistas y hablamos de resultados buenos y mejores, no perfectos.
Tolerar la imperfección, valorar la calidad de las cosas y las personas, aunque no sean perfectas, constituye un paso importante para mejorar el autoconcepto, facilita la flexibilidad y mejora el nivel de bienestar.

¿No creéis que merece la pena cuestionar el perfeccionismo?

No lo soporto más

plano zenital de un tipo de brazos cruzados encima de la mesa, como derrotado, con el ordenador y otros objetos de estudio

¿Te has fijado en cuántas veces te dices: “No soporto esta situación”, (Una persona, una conducta, etc…)? Esa “no soportantitis” fue explicada por el Psicólogo Albert Ellis como la Baja Tolerancia a la Frustración (en adelante BTF). Se define como la búsqueda de placer inmediato o la evitación del dolor, tanto físico como emocional, sin embargo, tiene un coste de estrés y derrotismo a largo plazo.

Las personas con BTF no toleran la incomodidad, los contratiempos o los problemas. Tienden a evitar o reaccionar de forma desproporcionada ante situaciones que no salen como ellos esperaban o emociones que puedan resultar desagradables. Por lo tanto, la manera en la que gestionamos las frustraciones diarias será la que nos indique si tenemos una alta o baja tolerancia a la frustración, sobre todo sin caer en el estoicismo.

Si nos planteamos metas y objetivos a conseguir es importante que entrenemos nuestra tolerancia a la frustración para poder ser perseverantes y no dejar nuestros propósitos a un lado ante el primer imprevisto. Por ejemplo: si nos proponemos aprender a tocar el piano no sacaremos una pieza a la primera, ¿verdad? Deberemos practicarla muchas veces para lograrlo.  Así pues, entrenar la tolerancia a la frustración siendo conscientes de la realidad, (la práctica que se requiere y posibles inconvenientes), nos llevará a tocar el piano con soltura. En cambio, si nos dejamos vencer ante el primer error y dejamos de practicar e insistir, para evitar la incomodidad de no lograrlo, (fácil y rápidamente), iremos generando fracasos mal gestionados y muy alejados de la autosatisfacción y del aprendizaje.

¿Cómo podemos mejorar nuestra BTF?

Vamos a poner como ejemplo que suspendemos un examen para el que hemos estado preparándonos:

  1. Aceptación: aceptar que la vida no siempre es como queremos o imaginamos; que la gente es libre de actuar como quiera, (igual que nosotros mismos); aceptar, también, la realidad en la que estamos, (a pesar de querer que fuera diferente), para poder avanzar y ver las alternativas y tus posibilidades de acción. En nuestro ejemplo: aceptar que el suspenso es la realidad para poder aprender y mejorar nuestra situación.
  2. Análisis: Analizar la situación de forma concreta utilizando el pensamiento específico, es decir, ni generalizar, ni dramatizar. Que hayamos suspendido ese examen no significa que vayamos a suspenderlos todos, que seamos idiotas, o que cambie nuestra vida para siempre. Es una situación concreta y específica.
  3. Frustración programada: Aumentar nuestra resiliencia ayuda a mejorar la BTF. Es decir, cada día podemos ponernos en situaciones, (no hace falta ponerse en riesgo físico, ni mental), que nos ayudarán a entrenar esa aceptación y ese pensamiento crítico para irnos preparando de cara a situaciones más complejas que nos puedan ocurrir en el futuro. Abrirse al rechazo, al error, a fallar…. es la única forma de aumentar nuestra tolerancia a la frustración y desarrollar y descubrir nuestras propias estrategias.. En nuestro ejemplo, podría ser hacer test antes de tenerlo todo bien aprendido, presentarte a pruebas de menor importancia…

 

La frustración existe, y de una forma u otra, vamos a pasar por ella por más que nos opongamos, por tanto, de nosotros depende qué herramientas personales tengamos en el momento para poderla gestionar mejor. Ya sabéis que el Coaching y el liderazgo personal son una buena opción.

 

Mantén alta tu motivación

nadadora de espaldas con las manos en las gafas

¿Qué es lo que diferencia a las personas que entrenan de manera regular de las que no? El principal factor es la motivación. Estar o no motivado es el factor determinante que nos impulsa a continuar cuando aparecen impedimentos, (que los habrá, porque forman parte del proceso).

Una de las cosas más importantes para mantenerse motivado es tener unos objetivos bien planteados, ya  que es lo que nos va a ayudar a mantener la concentración en lo que estamos haciendo, (podéis volver a leer el post sobre propósitos que explica muy bien los objetivos S.M.A.R.T).

¿Para qué lo hacemos? La respuesta a esa pregunta es la que nos mueve hacia el logro de los objetivos y la consecución de nuestra meta y tiene que ser un “para que” elegido por nosotros y que comprendamos y compartamos. Por eso un: “tienes que aprobar” o “debes entrenar más esta parte”, no acostumbra a funcionar para la motivación ya que se recibe como orden o imposición, sin embargo, si comprendemos que aprobar esa asignatura nos va a llevar alo que verdaderamene queremos o que practicar más los virajes en una prueba, o la parte de la melodía que más nos cuesta nos beneficiará en el resto del proceso, provablemente nos implicaremos más y nuestra motivación en lograrlo aumente.

Podemos diferenciar entre la motivación externa y la interna: la motivación externa:
En la externa encontramos el impulso para movernos en los demás, cuando nos ven o cuando hay alguna recompensa a cambio, por ejemplo si hacemos una promesa o una apuesta, o tenemos una figura externa que nos inspire y nos sirva como ejemplo para no desfallecer.

Sin embargo, la motivación interna es aquella que depende de nosotros mismos, sin importar lo que opinen los demás y centrándonos en nuestra percepción y propia satisfacción; son nuestros retos personales para superarnos a nosotros mismos los que nos impulsan a movernos hacia el logro final.  La recompensa que obtendremos es estar cada vez más cerca de nuestra meta y se alimenta de la confianza en uno mismo, la concentración, la claridad del foco, y el refuerzo positivo que nos hacemos en cada bache que encontramos.

Es importante combinar lo interno con lo externo ya que cuando nos encontremos con dificultades propias de cada proceso como lesiones, suspensos, errores, olvidos, partidas perdidas…. será lo que nos ayude a afrontar la situación y a ser conscientes de lo que necesitamos para superar esa situación.

El coach deportivo nos acompaña a conectar con nuestros valores y así poder comprometernos en luchar por nuestros objetivos y enfrentarnos a los miedos y las dudas: esa será la base de nuestra motivación  en momentos en que nos desconectamos de nuestra meta.

Y te preguntamos: ¿Qué has hecho hoy para estar más cerca de tu meta?

La culpa, por Empar Pérez

paisaje con montaña de fondo todo un poco gris

Nuestra colaboradora Empar Pérez, psicóloga clínica y psicóloga-coach, nos trae el siguiente artículo sobre la culpa:

 

La culpa es una emoción que casi todo el mundo hemos experimentado alguna vez, y que presenta características desagradables, asociándose a ansiedad, tristeza y otras emociones. Sin embargo, como todas las emociones , tiene una función adaptativa y ésta sería de control y reparación. Gracias a la culpa y al miedo a sentirse culpables, las personas podemos frenar acciones que causan daño a los demás o a uno mismo. La falta del sentimiento de culpa y de empatía se encuentra en la base de trastornos como la psicopatía , al no experimentar remordimientos por los actos cometidos contra otras personas.

Los sentimientos de culpa tienen relación con el modelo cultural  , social y religioso. Desde la antropología, Mead (1937) y Benedict (1946) distinguen culturas de la culpa y culturas de la vergüenza. Existen modelos educativos en que se incide en la culpa, y en los que tras una mala acción se fomenta el sentido de culpabilidad.

En cuanto a los motivos más comunes por los que nos sentimos culpables, Baumeister, Reis, et al. (1995), señalan “descuidar la relación con alguien”, “fallos en el cump`limiento de obligaciones o compromisos con alguien”, “infidelidades sexuales”, “ser rudo o desagradable con alguien”, “hacer trampas en el trabajo o en los estudios”, “traicionar la confianza de un amigo”, “comer demasiado”, “mentir”, “derrochar dinero”, descuidar el ejercicio”,etc.

Entre estos motivos vemos algunos que tienen que ver con los demás y otros que hacen referencia a conductas que tienen que ver con uno mismo.Son más frecuentes y generan más disconfort los que tienen que ver con los demás.

Qué podemos hacer ante los sentimientos de culpa? Ante todo, cabe distinguir si el acontecimiento es reciente o pasado, y si la culpa procede de una acción realizada o nos estamos sintiendo culpables de algo sobre lo que no tenemos responsabilidad.

En el caso de un acontecimiento reciente, en que nos hemos equivocado o hemos causado daño a alguien, se debe buscar la reparación si es posible, verbalizando el arrepentimiento y llevando a cabo alguna acción que mitigue los efectos.La reflexión sobre la conducta y que nos ha llevado a realizarla puede ser útil en el futuro y reduce las emociones desagradables.

Cuando los sentimientos de culpa aparecen sin que haya habido una causa real, es importante analizar la causa. Esta puede estar relacionada con variables de personalidad: personalidades muy ansiosas, rumiativas o poco asertivas presentan más sentimientos de culpa .Bajo esos sentimientos de culpa encontramos pensamientos o creencias irracionales fuertemente arraigadas y trabajar sobre estas distoriones cognitivas es altamente eficaz.

 

¿Qué harías si no tuvieras miedo?

paisaje oscuro con niebla y una silueta monstruosa de fondo.

Quizás uno de los errores que comentemos con los más pequeños es repetir esa frase de: “No tengas miedo”. ¿Verdad? Ese mantra nos acompaña durante nuestro desarrollo y terminamos por creer que realmente, no debemos tener miedo.

Sin embargo, el miedo es una emoción y cómo tal cumple una función adaptativa y de supervivencia. El miedo es una reacción de alerta cuando percibimos un peligro (real o imaginado), a nivel fisiológico y cognitivo, que nos permite dar una respuesta conductual de huida. Si no tuvieramos miedo seríamos presa fácil de amenazas, (si tu casa arde en llamas y no tienes miedo, no reaccionas y tus opciones a salvarte se reducen bastante).

Cuando el miedo es controlado, (como en halloween, las películas de terror o fiestas de zombies…), muchas personas son capaces de disfrutarlo, ya que aunque nos asuste, no constituye un peligro real

Nos guste, o no, el miedo está detrás de la mayor parte de nuestra forma de interactuar con el mundo: el miedo a ser rechazados, el miedo a la incertidumbre frente a un cambio, miedo  a dar nuestra opinión, miedo a no lograr el objetivo…. Por ello, es imprescindible reconocer esos miedos y poder trabajar con ellos.

Hay que tener en cuenta que existen miedos irracionales, o fobias, que generan respuestas de ansiedad idénticas a las que se dan con una amenaza real. Generan mucho malestar al ir aumentando con el tiempo, reduciendo la posibilidad de actuar y generalizando los miedos hasta llegar a una seria limitación, en el extremo tendríamos la agorafobia.

En muchas ocasiones el miedo funciona como limitador que nos impide conseguir nuestros objetivos: ¿Qué harías si no tuvieses miedo? es una pregunta que puede ayudarte en situaciones en las que estés bloqueado y te cueste avanzar. Otras  preguntas del tipo: ¿Que es lo peor que me puede pasar?, ¿Para que enfrentar el miedo?, ¿Cómo me sentiré si soy capaz de no huir?, ¿Que dirá eso de mí? nos pueden ayudar a identificar y gestionar ese temor.

Seguiremos hablando del miedo  y de las distintas formas de enfrentarnos a él más adelante.

¿Eres de los que se enfada rápido?

el increíble Hulk

La rabia, (o ira), es una emoción que nos acompaña a lo largo de nuestras vidas y debemos dejar de etiquetarla como buena o mala, simplemente, es necesaria y tiene su utilidad, sólo hay que saber cómo y cuándo. Al fin y al cabo, todos hemos experimentado rabia en mayor o menor medida y hemos sufrido las consecuencias de ésta.

Para empezar pregúntate: ¿Qué es la rabia?, ¿Cómo la definirías? La rabia aparece en situaciones de conflicto, bien sea con otras personas o con nosotros mismos. Es fácil identificarla si estamos atentos a los cambios fisiológicos que supone, (nuestro cuerpo se prepara para la defensa o el ataque): podemos notar que nuestros latidos aumentan de ritmo al igual que nuestra respiración, la energía se concentra en las extremidades superiores, la cabeza y el tórax; nuestros músculos se tensan y el flujo sanguíneo se dispara preparándonos para actuar ante una amenaza percibida. Por otro lado, la rabia o ira suele aparecer por pensamientos concretos sobre una situación que hacen que nos sintamos así. Algunos de estos pensamientos son percibir la situación como injusta (bien sea hacia nosotros o hacia otras personas), no poder conseguir el objetivo que perseguimos, frustración ante algo, etc.

¿Cuántas veces te has encontrado llorando y lo que sentías no era tristeza sino que estabas enfadada? o al revés, que con tus gritos has tapado la tristeza que sentías. A menudo es fácil que se confundan emociones, para ayudarte a identificar la rabia puedes hacerte estas preguntas:

  • ¿Estoy viviendo esta situación como injusta?
  • ¿Hay algo que me resulte una amenaza?
  • ¿Qué no estoy soportando de esta situación?

Una vez identificado cuando sentimos rabia y los pensamientos que la sustentan, el siguiente paso es regularla para evitar que acabemos realizando conductas disfuncionales que nos pueden perjudicar en lugar de ayudar, (a nosotros y a otros).

Entonces, ¿Cuándo es necesario aprender a gestionarla? La respuesta es: siempre. Si no somos capaces de manejarla, nuestras conductas tendirán a ser más agresivas y, por tanto, a traernos más problemas y malestar emocional. Cuanto mejor reguladas tengamos las emociones, más probabilidad de bienestar emocional.

Podemos encontrar muchos trucos para desahogar la ira que ayudan a bajar la activación fisiológica que hemos comentado anteriormente, por ejemplo: realizar deporte de intensidad y con impacto, pegarle a un cojín hasta quedarnos agotados, (por no echar a perder una vajilla entera). Estos trucos son parches que ayudan momentáneamente, pero no en caso de tener un problema profundo y de larga duración de la relación con esta emoción. Para poder regular y gestionar nuestras respuestas ante diferentes situaciones en lugar de reaccionar de forma rápida y poco eficiente, es necesario realizar un cambio de pensamiento: cambiar las gafas con las que estamos interpretando la realidad. Con esto, no nos referimos a que ya no vayamos a enfadarnos o a sentir ira, al contrario, vamos a continuar con la emoción de disconformidad ante la situación, pero podremos responder con conductas adaptativas y funcionales.

Creemos que la regulación emocional es un proceso básico para poder mejorar el bienestar personal y nuestra relación con el mundo.

Si necesitas comprender cómo gestionas algunas emociones puedes iniciar un proceso de Coaching con Ago Growing Together.

 

¿Te atreves a cambiar?

cascada enorme en la que el agua fluye abundante

La vida es un cambio constante, ¿Verdad?. Algunos de esos giros de guón son lentos y nos cuesta ser plenamente conscientos, mientras que otros llegan de golpe y sin avisar. Tanto en los casos que el cambio viene dado por una elección personal, como los que vienen impuestos de fuera, nuestro manejo de esa situación marcará el ritmo de aceptación y compromiso de la nueva situación.

El miedo suele dificultar ese proceso, pero hoy queremos contaros que para entender mejor nuestra respuesta a los cambios necesitamos diferenciar cuatro fases clave: la negación, la resistencia, la exploración y el compromiso. La facilidad o dificultad que tengamos para atravesar cada una de ellas mostrará nuestra capacidad de adaptarnos. Hay muchos factores que influyen en ese proceso como el momento vital en el que nos encontramo; las creencias limitantes no identificadas; las emociones que el cambio nos provoca; si el cambio es algo buscado o impuesto o la anticipación entre otros. Identificar todos estos aspectos de influencia será fundamental para el éxito en el proceso de cambio y una gran fuente de autoconocimiento.

Veamos de qué se trata cada una de las fases:

Negación: No aceptas la realidad y no piensas hacer nada al respecto, ya que para tí nada está ocurriendo, por lo tanto, no tomas la iniciativa. Es importante que las personas que rodean a alguien que se encuentra en esa fase tengan paciencia y no se opongan frontalmente, no olvidemos que la empatía es clave para acompañar

Resistencia: Te enfadas, te preguntas: “¿Por qué a mí?”. Contaminas el ambiente e intentas convencer a otros de lo absurda de la situación. Es fundamental no caer en críticas constantes cuando estamos con alguien que se encuentra en esa fase y darle respuestas concretas y tareas muy definidas.

Exploración: El cambio te motiva y empiezas a encontrarle sentido. Todo esto te interesa y entusiasma, pero a la vez te confunde, no sabes muy bien hacia donde enfocar tus energías pero empiezas a proponer ideas. Para estos casos es importante ofrecer buenas directrices, de tal manera que la energía y las fuerzas vayan enfocadas hacia el objetivo.

Compromiso: Estás motivado para hacer este cambio y transmites confianza y seguridad a tu alrededor, tienes una visión clara de la situación, por lo tanto te es sencillo pensar en los pasos a seguir. En esa fase puedes ayudar a otros a alcanzar ese grado de aceptación y compromiso y nada te frenará para alcanzar tus nuevos objetivos.

¡No te juzgues por la fase en la que estés, ni el tiempo en que estés en cada una de ellas! La manera en que afrontamos los cambios no es ni buena ni mala, simplemente es nuestra forma aprendida de hacerlo, así pues, podemos modificarla una vez identificado el punto en el que nos encontramos.

El coaching es una herramienta perfecta para identificar de qué manera te afectan los cambios, y así saber en  qué fase estás y que necesitas para avanzar, aceptar e incorporar los cambios a tu vida. Ese nivel de autoconocimiento te va a permitir comprender y relacionarte mejor con los que te rodean.

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